Wednesday, May 02, 2007

Vida en pareja EL ARTE DE AGRADAR EN LA CONVIVENCIA



MUJERES:
Cuando son jóvenes y en edad casadera, las mujeres nos arreglamos muy bien para conquistar a ese chico que nos gusta, pero...ya conquistado, muchas mujeres ya no se arreglan más. Esto es un gran error, la mujer siempre debe estar arreglada para su marido. Siempre debe estar "en plan de conquista", porque la conquista se debe seguir practicando a través de todo el matrimonio. Nunca hay que "bajar la guardia". Allá afuera, en el mundo, hay muchas tentaciones para los hombres y se puede sentir atraídos por una mujer bien arreglada, si en su casa tiene a una en pantuflas, despeinada, en bata y oliendo a fritangas. Bien arreglada no quiere decir que ande por la casa, cocinando y haciendo su quehacer, con peinado de salón, ni vestida de gala, ni con joyas. La Biblia dice que la mujer no debe lucir peinados ostentosos, ni adornos de oro, ni vestidos lujosos. No es necesario todo esto para verse bien. Basta conque ande limpia, oliendo bien, con el cabello en orden, zapatos limpios, ropa de casa, pero en buenas condiciones, con una armónica combinación de colores y sin roturas, para cuidar de no macharse, puede ponerse un delantal, que al llegar el marido se quitará, pero si la sorprende con el delantal puesto, que este esté limpio (léase: sin manchas de grasa). No está de más un maquillaje diario liviano, para verse más bonita para él. No tiene que invertir horas en ello, unos minutos bastan para ponerse labial, rimel y un poco de polvo. La mujer debe de conservar su coquetería natural con su esposo, así lleven años de casados. Es parte de la responsabilidad de agradarle.
A todos los hombres les gustan las mujeres femeninas, el arreglarse de esta manera corresponde a una mujer femenina, la femineidad no significa precisamente vanidad. La femineidad se lleva por fuera tanto como por dentro. Se lleva en los modales, los movimientos, los gestos, el trato hacia los demás y especialmente hacia el marido, en la manera de vestir, de caminar, incluso en el hablar y el comer.
Así y en conclusión, señoras, el hecho de haber "pescado" marido, no tiene por qué hacerlas mujeres fodongas, dejadas, desaliñadas e indiferentes. El tratar de agradar constantemente al marido, es un deber de toda mujer casada, porque a todo hombre casado, le gusta encontrar una princesa en su casa y no un esperpento.
HOMBRES:
También los hombres tienen la obligación de mantenerse bien arreglados delante de su mujer, lo cual no quiere decir que anden incómodos. Ponerse cómodos, no quiere decir necesariamente andar fodongos. Un hombre sin afeitar, en camiseta interior, con la barriga de fuera, es el prototipo del marido desaliñado que ninguna mujer quiere tener en casa. Los malos hábitos también deben de ser erradicados, si esto molesta a la esposa. En el arte de agradar, es necesario conocer lo que ella tolera y lo que no tolera. Es verdad que tienen que aceptarse tal cual son, pero en la convivencia surgirán pequeños detalles que pueden ser desastrosos. Si él está acostumbrado a dejar sus calcetines regados por el suelo y ella no soporta eso, él tendrá que aprender a no hacerlo. Será un buen cambio.
Se tienen que ir adaptando el uno al otro, pero los malos hábitos del uno o el otro, no tienen por qué sufrirlos, sino que deben de tratar de erradicarlos.El hombre tiene que conservar su papel de conquistador con su esposa para mantener viva la llama. Lo que hacía antes de casarse para agradar a la novia, lo debe seguir haciendo para agradar a la esposa.
A toda mujer le gustan los pequeños detalles. Llegar un día con una rosa, es algo que no malogrará el presupuesto ni significará una tremenda inversión de tiempo. El esposo no debe pensar que estas son cursilerías ni que son cosas innecesarias. Una mujer siempre necesita de manifestaciones de amor, siempre necesita sentirse conquistada. Hay muchos hombres que piensan que su esposa no necesita que le diga que la ama, "porque ella ya lo sabe". Las mujeres necesitan oírlo una y otra vez. El tiene que hacer un esfuerzo, entender esto y hacerlo.
Ambos integrantes de la pareja deben de poner de su parte para agradar al otro. Muchos matrimonios que se han disuelto, han empezado a separarse por pequeñeces cotidianas, hasta llegar al divorcio y esto por la falta de cooperación de una de las partes o de ambas. Es común en algunos hombres decir "así soy yo y te aguantas", esta actitud demuestra que no está dispuesto a poner de su parte y ahí empiezan los problemas. Cuando no hay cooperación en cosas simples, tampoco se encontrará en cosas más importantes. La cooperación debe ser mutua. Nada cuesta hacer algo por verse bien para el esposo o la esposa. El matrimonio debe ser una constante conquista mutua.
Angélica García Sch.

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