Wednesday, January 10, 2007

APRENDIENDO A DARSE



Hace poco, meditando en el pasaje de la despedida de Pablo en Mileto (Hechos 20:17-38), fui impactada por la pasión de Pablo hacia la obra del Señor y me di cuenta, que la acción de dar, está completa solamente cuando hay una entrega de sentimientos; cuando no solo das, sino te das a ti mismo en lo que haces.
Cuando compartimos algo, mostramos que lo tenemos, pero también nuestros sentimientos, porque para Dios no importa cuánto damos, sino la intención y actitud con que lo hacemos.
En ese discurso de despedida, Pablo, les habló de sus sentimientos y les aclaró sus acciones. Le hizo ver que su ministerio había estado lleno de sufrimiento, limitaciones y trabajo, pero que se sentía satisfecho con lo que tenía, mientras pudiera hacer la obra de Dios. No le importaba exponer su vida, porque no la estimaba como lo más preciado, pues su máximo deseo era hacer la voluntad de Dios, y esta consistía en mostrarles el amor de Cristo. El no esperaba nada de la gente, ni reconocimiento, ni agradecimiento; estaba invirtiendo su vida sin esperar nada a cambio, el dinero no constituía la motivación de sus acciones, pues nunca codició nada de ellos. Él se valió de sus manos, para salir adelante en lo material, pues complementaba su ministerio fabricando tiendas, y no para hacerse rico, sino para aligerar la carga financiera de las iglesias que ministraba. Con ese ejemplo, les enseñó a que trabajaran, no solo para ellos, sino para ayudar a los necesitados, recordándoles las palabras del Señor Jesús, quien dijo: Más bienaventurado es dar que recibir, refiriéndose no solo al dinero, sino también al tiempo y a las manifestaciones del amor.
Cuando les escribió a los Corintios en su segunda carta, Pablo nos demuestra que en realidad él no quería ser gravoso para nadie, que no buscaba lo de ellos, sino a ellos, pues eran sus hijos espirituales, y como padre quería compartirles algún bien a través de la Palabra.
En estos últimos tiempos, la gente se ha vuelto muy egoísta, vive pensando en sus necesidades, pero también en sus deleites y comodidades, que es en donde despilfarran más su dinero y tiempo; siempre les falta, nunca completan con lo que tienen, porque siempre quieren más y por ello, no quieren compartir nada. Necesitamos aprender a dar, y eso solo lo lograremos cuando dejemos de mirarnos a nosotros mismos, de querer todo, y esperar que todos suplan nuestras necesidades. Necesitamos confiar en Dios y sentirnos bendecidos con lo que tenemos y voltear a ver las necesidades de los otros, sin cerrar nuestro corazón y nuestra mano.
Muchos piensan que la vida es un fracaso sino obtienes de ella: reconocimiento, diversión, dinero, triunfos. Pero Pablo pensó que la vida no tenía valor, a menos que se usara para la obra de Dios. Que lo que invirtió en la vida era más importante que lo que pudiera conseguir de ella. Y para tí, ¿qué es lo más importante, lo que das o lo que te dan?
El dar no siempre tendrá una respuesta del que recibe, es un acto de amor y de entrega, pero también de agradecimiento a Dios. Pídele a Dios que llene tu corazón de amor para compartir, y El se encargará de llenar tus graneros para que tengas con qué hacerlo. Y ojala que un día podamos decir como Pablo:

"Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos". 2 Corintios 12:15

Marisa de Valle

0 Comments:

Post a Comment

<< Home