Friday, March 02, 2007

Pág. de los niños PELEANDO CON MI HERMANO



Creo que todos nos sabemos la historia de los primeros hermanos, Caín y Abel (Gen. 4), los hijos de Adán y Eva. Ellos a pesar de que eran hermanos, eran diferentes. En realidad, todos somos diferentes, podemos parecernos, pero nunca ser iguales, pero eso no debe ser problema para que nos llevemos bien.
Esos hermanos, descubrieron sus diferencias cuando presentaron su ofrenda a Dios, uno solo le dio algo, pero el otro, buscó lo mejor. Claro está, Dios se agradó más del corazón de Abel, y eso despertó la envidia de Caín, quien en lugar de corregirse y tratar de ser mejor, como su hermano, se enojó tanto con Abel, que lo mató.
La Biblia también nos habla de otros hermanos, Jacob y Esaú, y por mencionar a otros, los 12 hijos de Israel, todos ellos tuvieron problemas entre sí. Las peleas entre hermanos son muy comunes. De niño, uno se pelea por todo, pero Dios no quiere que eso pase, porque un día podemos salir lastimados o lastimar a alguien.
Siempre pensamos que papá y mamá quieren más a nuestros hermanos que a nosotros, y eso provoca una rivalidad, que no debería de existir. Otra cosa que también provoca que nos pelemos con nuestros hermanos, es que ellos logren mejores cosas que nosotros. Lo que provoca las peleas, son la ira y la envidia, que no son sentimientos buenos, pues no vienen de Dios (Gal. 5:20-21). Debemos amarnos y perdonarnos, eso es lo que nos enseñó Jesús.
Por eso cuando algo te moleste de tu hermano, no actúes como Caín, mejor piensa bien, busca una solución, procura la paz y descubrirás lo bueno que es llevarse bien con tu hermano. Así tendrás un compañero de juegos y un gran amigo.


El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;
Y amigo hay más unido que un hermano.
Proverbios 18:24


Marisa Valle






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