Saturday, November 04, 2006

RENOVACION, UNA INVITACION A LA REFLEXION


Estamos llegando a diciembre y con ello, el año termina entre luces, alegría y nostalgia. Es entonces el momento de hacer una tregua con la computadora, el internet y los ciber-juegos, para llevar a cabo aquello que se planeó según tiempo y presupuesto.
Diciembre tiene su encanto, la fragancia de sus noches nos invitan a la reflexión de lo que vivimos durante el año, para darnos cuenta de lo que dejamos de lado; muchos trabajos inconclusos, que con el tiempo se han vuelto añejos. Hoy, hay algo por hacer y otras cosas por concluir, a pesar de que los días sean nublados y húmedos.
La atmósfera tiene un aroma distinto. Hay amor en todo lo que se toca y se dice, nos estimulan a los buenos deseos. Gozo, paz, el espíritu navideño nos empieza a contagiar, tenemos paciencia, benignidad y bondad con todos los que nos rodean, nos consolamos con una sonrisa de esas que alegran el día a cualquiera, somos más sensibles al sufrimiento humano.
¿Por qué tenemos que esperar a Diciembre para sentir los frutos del Espíritu Santo?
Será porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado y el principado sobre Su hombro; y se llamará Su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
(Isaías 9:6)
Bueno, se va otro año más y vendrá un período de completo relajamiento de la rutina y las actividades propias, después de tantos trabajos y desvelos, pues en la carrera desenfrenada del trabajo, por ver cumplidos nuestros sueños, ilusiones y propósitos, hemos trabajado mucho. Aunque a veces no hemos visto los logros de nuestro esfuerzo y nos sentimos estancados, pues al ser humano le es fácil, en un momento, hacer mil y un planes para todo el año, no obstante, el problema llega, al momento de realizarlos.
Recuerden al profeta Elías, el había tenido meses de intenso trabajo y de grandes éxitos, pero al comenzar una nueva etapa de su vida, tenía sueño, estaba agotado, deprimido y se sentía solo (1 Reyes 19: 4-5).
¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido así al terminar el año?
El Padre Celestial quiere que hagamos un alto para que tomemos un merecido descanso ¿Sabes por qué el Señor nos obliga a detenernos? Porque no sabemos descansar. Tan afanados estamos en los quehaceres, que a veces no actuamos con sensatez.
El quiere que veamos por donde vamos, que tomemos nuevas fuerzas para que podamos continuar nuestro camino, seguros hacia una dirección y meta definidas, quiere que nos renovemos constantemente, que nos superemos espiritualmente, que desarrollemos un carácter fuerte y sólido,
que seamos ejemplo, que dejemos huella con nuestra vida. Pero no debemos esperar a que llegue diciembre para meditar en lo estamos haciendo, ni tenemos que esperar a que den las doce campanadas, para hacer nuevos y mejores propósitos.
Mejor busquemos el rostro de Dios desde ahora y no permitamos que el desánimo, el estrés, la rutina o el pasar del tiempo apaguen nuestras buenas intenciones, hagamos la diferencia entre la vida que llevamos, y una vida lozana que amanece todas las mañanas. Seamos más justos, para que nuestra senda sea como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto, disfrutando de las bendiciones nuevas que vienen de lo alto, directamente del trono de Dios.
No se desanimen, vale la pena esperar, descansar y dedicar tiempo para estar con Dios. Escudriñemos las Escrituras, para que cada día, nos ayuden a enfrentar los desafíos que nos aguardan, y a crecer en la presencia y el conocimiento de Aquel que nos ama y espera en silencio. Los planes estratégicos vendrán por añadidura.

Martha Mercado

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